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HISTORIA-AMATEURISMO
1908: El Ascenso a Primera
Ilusiones y entusiasmo eran el motor que empujaba a los adolescentes que habían formado el primer River Plate. Para jugar en barrio o en los duelos interbarriales, nada oficial, por puro gusto. Recién en 1905 se afiliaron a la Asociación de entonces, en Tercera División. Y el 30 de abril fue el debut, ante Facultad de Medicina.
Con la base del capitán Leopoldo Bard, Enrique Zanni, Bernardo Messina -el hacedor de estadios desde la Dársena hasta el Monumental-, Artenio Cárrega y Livio Ratto, el partido terminó con un 3-2 adverso, con una particularidad: dos de los goles de Medicina los marcó un estudiante llamado Bernardo Houssay, quien años mas tarde recibiría el premio Nobel.
En 1906 River ya estaba en Segunda y en 1907 perdió el ascenso a Primera por 1-0 ante Nacional, un equipo formado por empleados de la tienda Gath y Chaves. Lo curioso del caso fue que Nacional, ya ascendido, jugó cuatro partidos hasta que fue desafiliado por no tener cancha propia en condiciones (cuando el mítico Alumni, en la misma época ganaba campeonatos sin tener cancha).
El ascenso. La verdadera razón de la exclusión fue que no se querían equipos representativos de firmas comerciales. Los muchachos de Nacional, entonces, se pasaron en masa a River (Morroni, Abaca Gómez, Chagneaud, Chiappe, Cambón y Politano) y en ese mismo 1908 volvieron a ganar el ascenso, con la banda roja en el pecho. Aquella noche había llovido como nunca en La Plata.
La tarde ya estaba mas serena y la gente empezaba a dar la cara, ahora el sol amagaba con salir. Pero el agua que había caído era el único tema. El verano recién golpeaba la puerta, Navidad ya había sido descorchada y el año nuevo todavía no. Esperaba. Corría el 27 de diciembre de 1908... Estaba repleto el estadio de Gimnasia y Esgrima para ver el gran partido de la tarde: River Plate-Racing Club, la segunda final para acceder a la máxima categoría del fútbol argentino.
Catorce días antes, en un encuentro dominado por la polémica, River se había quedado con el primer partido tras un ajustado 2-1. Pero como luego del segundo tanto los fanáticos de la banda invadieron el terreno para abrazarse con sus ídolos, la Argentine Football Association decidió repetir el encuentro. Y con Luraschi, Chiappe y Politano, Messina (aquel fundador), Morroni y Chagneaud, García, Grifero, A. Gómez, Priano y Elías Fernández, volvieron a imponerse, solo que esta vez lo hicieron por 7-0. Fue el ascenso a la máxima categoría, de donde nunca mas se iría. Primer grito de Campeón!
Equipo que festejó el Ascenso a Primera División, allí cuando corria el año 1908.
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1914: Primer título Amateur
Alumni el famoso vencido. Una vez en primera, River sorprendió al ser segundo del multicampeón Alumni, a ocho puntos. Ganó 11 partidos sobre 18 y empató 2. Pero entre sus vencidos estuvo el mismísimo Alumni, en la segunda rueda del torneo. Se jugó en la cancha de Banco Nación, en Colegiales, y fue 1-0, con gol de Hernán Rodríguez. Los héroes de esa tarde fueron Capdevielle, Chiappe y Gomez; Grifero, Morroni y Chagneaud; Anapodisto García, Sayanes, Hernán Rodríguez, John Diggs y Elías Fernández.
El partido fue arbitrado por Enrique Salvarezza, otro de los fundadores, jugador, dirigente, canchero y colaborador. Quien tiene también una historia curiosa es John Diggs, “Yonedick”, un inglés que también fue canchero en algún tiempo en la Dársena Sur y terminó sus días en la Primera Guerra Mundial, enrolado en el ejército de su país.
La que siguió fue una época de transición, de cambios de nombres y reacomodamientos. Seguía el fornido Arturo Chiappe –zaguero difícil de pasar y capitán del barco pesquero- pero aparecían otros nombres: el arquero Carlos Isola, ídolo de las niñas del barrio por su estampa de galán; Cándido García, “cabeza de oro” para los hinchas, un centre half ofensivo; Heriberto Simmons, un marcador chiquito pero aguerrido; Arturo Penney, el goleador ante Boca.
En 1910 fue séptimo, en 1911 quinto, y en 1912, con la nueva asociación, último entre cinco con Belgrano, que se salvó porque no hubo descensos. El renacer llegó en 1913, cuando perdió un desempate por el primer puesto de la zona A con Racing, posterior campeón y a quien ya le había ganado en el torneo. El 24 de agosto enfrentó por primera vez a Boca; ganó 2-1. Jugaron Isola, Chiappe y Calneaggia; Simmons, Cándido García y Peruzzi; Galeano, Ámela Pereyra, Penney y Roldán y Fraga Patrao. García marcó a los 27 minutos, Pereyra aumentó a los 46 y descontó Mayer a los 78. A los 74 fue expulsado Amela Pereyra. En 1914 fue quinto, pero River fue el campeón de la Copa Competencia, al superar 5-1 a Belgrano, 1-1 y 2-1 a San Isidro, 2-1 a Ferro, 2-1 a Racing y 1-0 a Bristol de Uruguay. Este era un certamen que se jugaba a la par del torneo regular y el campeón argentino definía la Copa con el vencedor uruguayo. Fue el primer título relevante que logró el club Darsenero. Y el equipo que le ganó al Bristol: Isola, Chiappe y Lanata; Peruzzi, Cándido García y Elli; Fraga, Penney, Gianetto, Martín y Sevesi.
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1920: Campeón Argentino
En 1915 fue tercero, ganando 16 partidos, empatando 6 y perdiendo solo 2. Posición que repitió al año siguiente, con campaña similar: 10 triunfos, 9 empates y 2 caídas. Colocado como escolta en la década del multicampeón Racing, fue segundo en 1917 (12-6-2) y también en 1918 (9-7-3). En esa temporada fue finalista de la Copa Competencia, perdiendo la final argentina con Porteño. Y el torneo de 1919 fue suspendido porque se produjo otro cisma: en la Asociación Amateurs se quedaron los principales equipos y apenas Boca y Huracán se pasaron, entre los conjuntos de relieve, a la Asociación Argentina.
¡Campeones! Ya se perfilaba la posibilidad del primer título, que se consiguió finalmente en 1920. Fueron 25 triunfos, 6 empates y 3 derrotas en el año, con 70 goles a favor y 22 en contra. Los rivales fueron: Atlanta (1-0 y 1-0), Barracas Central (2-2 y 3-0), Defensores de Belgrano (1-0 y 2-0), Estudiantes de Buenos Aires (3-0 y 2-0), Estudiantil Porteño (2-0 y 3-1), Ferro (1-0 y 3-0), Gimnasia y Esgrima La Plata (0-1 y 3-1), Independiente (1-1 y 3-1), Lanús (2-0), Platense (5-1 y 2-0), Quilmes (2-0 y 4-0), Racing (0-0 y 0-2), San Isidro (4-0 y 0-3), San Lorenzo (3-2 y 0-0), Sportivo Buenos Aires (4-1 y 2-2), Sportivo Almagro (2-0), Tigre (1-0 y 4-1) y Vélez (3-2 y 1-1). El equipo base que compitió en la mayoría de los encuentros formó con Cortti, Choperena y Jacinto Giúdice; Taramasso, Cándido García y Heriberto Simmons; Arroyuelo, Galanzino, Laiolo, Nicolás Rofrano y Jaime Chavin. También jugaron en este torneo, que terminó ya avanzado en 1921, Isola (en el año de su despedida), Chiappe, Castilla, Roldán, Ámela Pereyra, Aspecia, Etchenique, Ferrari, Lillibera, Medone, Moretto, Ortelli, Perussi, Rivas, Sabattini, Santambroggio, Simone, Tomaselli y Ventura.
Segundo fue esta vez Racing, pero se desquitó en el 21, cuando se invirtieron los roles: otra vez fue campeón, segundo River (25 triunfos, 4 empates y 9 caídas). En el 22 le tocó el turno de ganar a Independiente, y los ex Darseneros volvieron a ser subcampeones (25 victorias, 11 igualdades y 4 derrotas). Ya había aparecido Enrique Gainzarain (delantero que fue internacional, como Chiappe e Isola). Y se seguía usando la camiseta tricolor, con bastones verticales rojos y blancos y el filete negro; la camiseta de la banda, mostrada en el ascenso (1908), recién reapareció en 1932. Y cuando hubo que usar camisetas alternativas, se utilizó una roja y otra roja y negra, también a bastones verticales. Ya llegaban los tiempos de Alvear y Tagle, adonde los viejos habitantes del Sur de la Capital se mudaron para construir un estadio que usaron hasta que se construyó el Monumental.
En el 23 quedó tercero, detrás de San Lorenzo e Independiente. Y al año siguiente, quinto. En la copa Competencia se rehabilitó, ganando la zona A, pero en semifinales cayó ante Sportivo Almagro. En 1925 bajó hasta el puesto 17 en el campeonato, en el 26 apenas subió al undécimo, y en el 27 fue décimo.
Algo mejoro la cosa en 1928, cuando terminó séptimo, después de haber estado entre los cinco mejores casi todo el torneo. Y un respiro llegó en el 29, porque estuvo siempre al frente en su zona –la impar-, ya que Gimnasia debía partidos; cuando los platenses completaron, lo pasaron por un punto. River fue segundo, y tercero en el 30. Ese año persiguió a Boca todo el torneo, pero la caída empezó poco antes del final al vencerlo los suplentes de Gimnasia y Esgrima La Plata. Tiempos duros, el desánimo. La prensa decía que “el conjunto ex darsenero ah sido un cuadro de mala suerte. Empezó siempre bien, pero por el medio del campeonato ah perdido justo ante rivales inferiores e inesperados”.
Acaparadores. Tiempos de desconcierto en los directivos –que armaban el equipo, ya que no existía el cargo de entrenador- y que ya preanunciaban las épocas de Millonarios. Porque acostumbraban a comprar muchos jugadores –los precios iban de los mil a los cinco mil pesos- y después a muchos los cedían a otros equipos. Alejandro Giglio, el emblemático cinco, llegó de Huracán. Camilo Bonelli, un seis lento y con clase, de Nueva Chicago. Uriarte, de Almagro. Carlos Giúdice, Granara Costa –futuro odontólogo- y Paduano vinieron de Colegiales. Los hermanos Iribarren –Jorge, el arquero, y Juan Carlos, el zaguero izquierdo-, símbolos del equipo desde el 25 hasta el profesionalismo, habían pasado por varios clubes antes de recalar en River. Dupit, un puntero derecho, llegó de la Liga Paranaense. En cada temporada River era el club que más gastaba en transferencias. Al punto que por un lado le decían “niño bien”, por aquello del tango que rezaba “que naciste en un suburbio”. Y por el otro, “alcancía de jugadores”, porque lo acusaban de acapararlos.
Pero eso no bastaba para ponerlo otra vez en primera plana. Tenía, con todo, una reconocida barra, una de las mas grandes según muestran las recaudaciones. Ruidosa y bullanguera. Pero los directivos hacían muchos cambios, no mantenían el mismo equipo. Y aunque a veces jugaban muy bien y eran siempre considerados candidatos, se notaba la falta de ensamble. Hay nombres que se repiten en el tiempo –J.C. Iribarren, Rodríguez, J. Iribarren, Patiño, Giglio, Bonelli, Gondar, Granara Costa, Scotto, Peniche, Paduano, Locaso, Uriarte, Debatte, De Vicenzi, Ganduglia-, en todo ese período, pero no se reitera la misma formación en dos partidos seguidos. Desde 1928 se lo buscaba a Carlos Peucelle, al que consiguieron recién en 1931. Llegaron el puntero Alberto Evaristo, hermano menor del famoso Juan; Malazo y Belvidares en la defensa; al final, a punto del profesionalismo, el chiquito Rival y el paraguayo Artel. Pero no se pudo pasar del tercer puesto en los dos últimos campeonatos amateurs.
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El Superclásico...
La popularidad crecía –al punto que el propio presidente Bacigaluppi amenazó con irse porque “el ascenso de la cantidad de asociados representa un peligro”-, el equipo era principal protagonista de todos los torneos, pero los títulos eran para los otros. En todo el amateurismo quien más puntos logró fue Racing, y segundo está River, delante de Independiente, San Lorenzo y Boca (estos tres con menos participaciones). Fue el primero de los actuales grandes en ascender a Primera División y nunca descendió de categoría. Fueron, con Racing, los únicos de los actuales clubes en ganarle un partido a Alumni. Logró sólo el campeonato de 1920, aunque acarició varios otros.
Lo que se mantuvo vivo y subió su temperatura en cada encuentro anual, después de haber estado en distintas asociaciones durante varios años, fue el duelo con Boca.
Eran tiempos en los que los mismos medios de comunicación se sorprendían de la vigencia del enfrentamiento entre los viejos vecinos de la calle Almirante Brown. “River ya no es sólo boquense y tiene hinchas en toda la capital, Boca se mantiene en su barrio. Los que se formaron riverplatenses de pantalón corto en La Boca , ahora hombres serios, padres de familia, lo siguen siendo. Y aunque se hayan mudado, sus hijos siguen siendo de River, alimentando la rivalidad con Boca”, se rescata de una crónica.
Ya habían pasado los días en los que River se imponía fácil, porque “era un club fuerte, tenía un excelente cuadro, figuraba siempre en los primeros puestos”. Su rival, al principio, “era del montón, perdía siempre ante el poderoso”. Ya en el 17 los observadores se asombraban de la importancia de los partidos entre River y Boca, de cómo los hinchas de los dos colmaban cualquier cancha y mantenían el enfrentamiento en los límites de la tradición barrial.
River paraba de la confitería “La Camelia”, justo en diagonal al viejo puente. Boca, en el café “La Alegría”. Unos iban por una vereda de Almirante Brown, los otros por la de enfrente. En la semana todo transurría normalmente. Pero el domingo, a medida que los hinchas de los dos volvían al barrio, todo se transformaba, según cómo les hubiera ido en el respectivo partido.
Las burlas. Cuando se enfrentaban entre ellos, los parciales de cada uno ya tenían el muñeco con los colores del adversario y, si lo derrotaban, lo metían en un ataúd y lo paseaban por todo el barrio. Una burla que pocas veces llegaba a la agresividad entre los vecinos de todos los días. Estos paseos fúnebres duraron varios años, hasta que se perdió la inocencia.
Y mientras el núcleo central de la barra riverplatense estuvo afianzado en La Boca, allí andaba por esa época, el chiquilín José Manuel Moreno, futuro fenómeno de la Primera, con su voz chiquita, coreando caramelos y programas del cine del barrio; ý peleándose a las trompadas con quien se burlase de su decir. Allí estaba, también, la familia Liberti –con Antonio Vespucio, por entonces adolescente-, atendiendo su empresa de sodas en la calle Brandsen.
El penúltimo clásico amateur con Boca fue fatídico para los ex darseneros. Porque sus tradicionales vecinos les ganaron por un estrepitoso 6 a 0, la mayor diferencia entre los dos en toda la historia. Pero fue una goleada con bemoles. Porque cuando el partido estaba 1-0, dos puntales riverplatenses, el centromedio Giglio y el centrodelantero Uriarte, chocaron sus cabezas violentamente al intentar alcanzar una pelota y de la cancha fueron directamente al hospital. River se quedó con nueve hombres en el primer tiempo y así debió afrontar el resto del partido porque entonces no se permitían los cambios.
Para completar la desgracia, el full back Rodríguez rechazó violentamente e impactó con la pelota en la cabeza de su compañero Gondar, quien cayó desmayado. Tres jugadores menos y un 6-0 en contra era demasiado. Pero el espectáculo lo dio la hinchada millonaria, que no bajó sus banderas aun en la adversidad, “cuando un ejemplo de apoyo a sus jugadores”, como reza alguna crónica de entonces. Esto fue en 1928.
Gran triunfo. El trago amargo duró hasta 1930. Esa vez, formando con J.C. Iribarren; Milazzo, Giglio y Bonelli; Gondar, Dapit, Ganduglia, Peniche y Debate, le ganaron a Boca 3-2. Fue el último duelo de la etapa amateur. El gol de la victoria lo hizo Antonio Ganduglia, a 13 minutos del final. Al terminar el partido, en la casilla en donde los jugadores se cambiaban, delante de un adversario boquense: “¡ Estoy loco de contento! A Boca teníamos que darle un revolcón y se lo dimos en forma... ¡A ver qué dicen ahora..! A mi no me interesaba el campeonato, ni me interesa seguir jugando al fútbol. Colgaría, ahora, gustoso los botines. Lo que yo deseaba como loco era derrotar a Boca y, por fin, mi sueño se realizó”. Nada distinto a cualquier otra época.
Ese 4 de mayo de 1930 los jugadores de River recibieron 150 pesos por ganar y 20 pesos por cada gol convertido. Los 210 pesos, multiplicados por los once futbolistas, daban una inversión de 2.310 pesos. Que fueron consignados en el balance del club como “gastos de traslado”, aunque el partido se jugó en Alvear y Tagle. Es decir, no hubo viaje alguno. De haber perdido, solo hubieran cobrado 50 pesos cada uno, que fue lo que recibieron los jugadores de Boca por el solo hecho de pisar la cancha. La entrada al estadio valía entre 50 centavos y un peso.
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Balance del ciclo...
Terminaba una etapa, la amateur, con un fútbol aficionado y disfrazado. Al año siguiente, empezaría el profesionalismo real, el verdadero. River cerraba su ciclo de consolidación con un estadio grandioso en Recoleta y 17 mil socios, la cifra más alta en la Argentina después del tradicional club aristocrático Gimnasia y Esgrima. En el club se practicaban otras 22 disciplinas. Además del título del 20 y la Copa Competencia del 14, sumó cinco títulos de reserva (1910/11/15/16/20), uno de Reserva de la Copa Competencia (1926), dos de Veteranos (23 y 26), tres de Cuarta División (8, 9 y 12), dos de Cuarta en Copa Competencia (9 y 12), y un doble en Quinta División (torneo y copa Competencia, 1915). Tenía una de las más grandes piletas de la Capital –tanto, que algunos jugadores rivales, como Tarrío, de San Lorenzo, eran socios de River para poder practicar natación-, y se quedaron con las ganas de jugar rugby porque no había lugar para hacer la cancha.
El gran responsable de la nueva identidad de los ex darseneros fue José Bacigaluppi, quien, contra lo que se creyó durante mucho tiempo, no estuvo entre los fundadores de River. Llegó en 1907, y en 1922 fue presidente por primera vez. Impulsó el cambio de La Boca a Alvear y Tagle y desde 1929 planteó la necesidad de escriturar otro terreno –en donde después se erigió el Monumental-, idea que sus compañeros de directiva tardaron años en aceptar. Cuando él llegó, el club tenía 400 socios. Al final del amateurismo, quienes querían asociarse debían pagar 30 pesos, mas seis cuotas adelantadas y los 50 centavos del carnet: “Si hiciéramos como otros, que asocian por tres pesos, tendríamos 15 mil socios mas en 15 días y no podríamos caminar por el estadio”, declaraba Bacigaluppi, el visionario.
Inauguración del busto a Bacigaluppi en Alvear y Tagle. Algunos ven él al gran hacedor de River Plate.
River se encaminaba a convertirse en “Millonario”. Y eso sucedería poco tiempo después, en 1932. La semilla de los fundadores había germinado...
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